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En mi condición de líder de una organización internacional que se esfuerza por erradicar el problema del hambre, quisiera poner en perspectiva la crisis alimentaria y examinar cómo un número de factores incongruentes, pero al final de cuenta interrelacionados, se combinan para crear esta crisis. Al mismo tiempo, ninguna intervención resolverá este dilema mundial. En Freedom from Hunger ponemos al alcance de las personas pobres que padecen hambre crónica herramientas que les permiten hacer frente a dichos trastornos.
En 1968, me encontraba cursando mis estudios en Cornell cuando conocí por primera vez a Paul Ehrlich. Paul acababa de publicar The Population Bomb y se encontraba de gira por las universidades promocionando su libro y su predicción de que en la década de los 70 veríamos a cientos de millones de personas morir de hambre. Enseguida, surgió la Revolución Verde y no mucho tiempo después el suministro de provisiones alimenticias aumentaba en el mundo entero a niveles superiores al crecimiento poblacional. Como resultado, se produjo una baja en los precios de los alimentos que se mantendría durante las tres décadas siguientes. Dado que estaba estudiando ecología, sabía que Ehrlich estaba aplicando principios sólidos de ecología poblacional en su predicción del juicio final. Pero también estaba estudiando sociología y antropología y sospechaba que Ehrlich no estaba considerando los efectos a veces confusos de la adaptabilidad, la previsión y la ingenuidad del ser humano. Sin embargo, no me causó ninguna satisfacción saber que la predicción de Ehrlich fue un error. Creo que estaba fundamentalmente en lo cierto al dudar de la capacidad de la tierra para soportar el crecimiento continuo del suministro de alimentos. La demanda cada vez mayor de una población cada vez más grande terminaría causando el aumento del precio de los alimentos a un punto tal que provocaría una reacción mundial.
Sin embargo, la relación entre el crecimiento poblacional y el suministro y el precio de los alimentos no es directa ni simple. Se entreteje sobre las bases de un sistema mundial complejo y contra toda lógica. En las tres últimas décadas en las que los alimentos tuvieron precios bajos, la política de administración pública en la mayoría de países industrializados se alejó de la investigación agrícola destinada a mejorar la conservación de los suelos y la productividad de los campos de cultivo. Un receso en la investigación y en la aplicación de sus resultados sobre los agricultores significa un receso en la energía innovadora para crear variedades genéticas y métodos agrícolas para mantener la fuerza de la Revolución Verde y expandir su magia hacia nuevos cultivos, nuevos activos ganaderos y nuevas zonas del mundo, principalmente África, donde aún no se conoce de sus beneficios. Ya no podemos confiar en dedicar más tierras al cultivo para expandir la producción de alimentos. La clave es incrementar la productividad de las tierras que ya están en uso, lo cual requiere el compromiso continuo de mantener la investigación y la aplicación de sus resultados. Este compromiso ha fracasado y como resultado el crecimiento poblacional ha superado al crecimiento de la superficie cultivable. Solamente este aspecto debiera haber provocado el aumento de los precios de los alimentos hace algún tiempo. Sin embargo, como acabo de mencionar, el sistema mundial es complejo y contra toda lógica.
Consideremos otro enfoque que viene de la política agrícola de Estados Unidos y Europa: subsidios públicos no para la investigación agrícola sino para apoyar directamente la economía de los agricultores. El principio original era mantener a los agricultores dedicados a sus tierras y evitar que las abandonaran para emigrar a la ciudad. Así se aseguraba la producción agrícola para la nación y, particularmente en Europa, la conservación de las ciudades y los paisajes estrechamente interrelacionados con la imagen de cada país. Los ideales originales se han comprometido, en la medida que la agricultura corporativa ha desplazado a la agricultura local y ante el hecho de que debido a los altos costos de esta última es necesario protegerla de los productos alimenticios importados a menores precios desde los países en desarrollo. Aún así, los subsidios públicos continúan dirigiendo un fuerte respaldo político y le cuestan al contribuyente promedio un precio muy alto, no solamente por los impuestos que respaldan a los subsidios a la agricultura corporativa, sino también por los precios más altos de los alimentos y productos protegidos contra la competencia por la importación.
Durante décadas, los subsidios agrícolas instituidos en Estados Unidos y Europa han producido más alimentos de lo que realmente necesitan estos países o sus mejores clientes en otros países. Cuando el suministro es mayor que la demanda, lógicamente los precios bajan. Para asegurar que los precios reconocidos a los productos de los agricultores locales se mantengan por debajo de sus costos de producción, incrementando por lo tanto la necesidad de obtener mayores subsidios para mantener a los agricultores, Europa y Estados Unidos “se han desecho” de los excedentes de producción en los mercados extranjeros. El efecto pernicioso es la depresión de los precios que los agricultores de los países en desarrollo pueden obtener por su producción, llevando a muchos a la quiebra y provocando su emigración hacia las ciudades. Siendo tan bajos los precios de los alimentos en los países en desarrollo, los consumidores finales (especialmente los pobladores de las zonas urbanas) se benefician, sin embargo se reduce el incentivo para invertir en la agricultura, se detiene el desarrollo de las comunidades rurales, los alimentos importados reemplazan a los productos cultivados localmente y los sectores rurales caen en pobreza.
Incluso los que hemos estado esperando que el suministro de alimentos sea superado por la demanda mundial, nos preguntamos qué ha provocado realmente una subida tan "súbita" en los precios de los alimentos.
Resulta tentador pensar que el precio que pagamos por mantener viva la agricultura en Estados Unidos y Europa es la pobreza más profunda en las áreas rurales de los países en desarrollo. Esto no es totalmente cierto. El mundo real es mucho más complicado. He delineado una imagen simplista para comprenderlo: el sistema alimenticio a nivel mundial es ilógico. Pero ha sido tolerable, desde el punto de vista político, y por lo tanto estable, durante treinta años más o menos. Por ello es que nos sorprende el despegue de los precios de los alimentos y los disturbios sociales que se producen casi de manera simultánea en países tan distantes como Haití, Camerún y Somalia. Incluso los que hemos estado esperando que el suministro de alimentos sea superado por la demanda mundial, nos preguntamos qué ha provocado realmente una subida tan “súbita” en los precios de los alimentos. Existen muchos factores en cuestión, algunos de ellos previstos, algunos otros sin precedentes.
¿Quién hubiera sabido que Australia iba a sufrir de una sequía tan severa en los últimos años? Bueno, esto no debería ser una sorpresa. La ecología natural de Australia ha evolucionado para adaptarse a las sequías impredecibles. Ésa es literalmente la naturaleza del continente. El resultado en la práctica en este momento es el dramático incremento de los precios del trigo. Los precios del arroz también han aumentado, aunque el análisis de la información disponible hasta ahora no ha podido ofrecer una explicación clara sobre las razones que provocan esta situación. Varias causas han coincidido, entre ellas las restricciones a las exportaciones del arroz por India y otras naciones exportadoras, lo que ha provocado el pánico y la especulación en los mercados de mercancías. ¿Quién hubiera sabido que el cultivo de maíz para la producción de etanol se convertiría en la principal estrategia para reducir la dependencia de Estados Unidos y Europa sobre las importaciones de petróleo? Bueno, no debería ser una sorpresa dado el alto nivel de subsidios otorgados a la agricultura en dichos países. El efecto en la práctica es que ha disminuido el suministro de maíz para alimentar al ganando y a la población, por lo tanto ahora es más costoso. ¿Quién hubiera sabido que la gripe aviar arrasaría con cientos de millones de aves, las cuales constituyen la fuente principal de proteínas para los pobres en los países en desarrollo? ¿Quién hubiera sabido que países atacados por el “hambre” como China e India acumularían suficiente riqueza para poder demandar enormes cantidades de carne en su dieta diaria, cambiando con ello el curso de los cultivos de productos agrícolas para el consumo humano a un proceso menos eficiente de alimentación del ganado? Podríamos haber visto la mayoría de estos eventos. Solamente algunos de ellos son verdaderas sorpresas. Lo que más nos sorprende es la concatenación de eventos. Tantas cosas tan diferentes están sucediendo al mismo tiempo.
En consecuencia, los precios de los alimentos han aumentado dos o tres veces en comparación a lo que se pagaba apenas hace tres años. Nadie puede evitar sentir los efectos. Sin embargo, para los pobres éstos son devastadores. Los pobres que están un poco mejor están comiendo productos más baratos pero menos deseables, los pobres que ocupan los estratos medios están reduciendo el número de comidas ingeridas al día y los muy pobres enfrentan pérdida de peso y desnutrición, así como una creciente vulnerabilidad a las enfermedades y a la muerte. El Banco Mundial estima que 100 millones de personas pasarán a las listas de la población que padece de inseguridad alimentaria. Los gobiernos y las agencias internacionales están desplegando sus mejores esfuerzos por aliviar el dolor a través de programas de asistencia. Se ha declarado el final de la época de los alimentos baratos. Se espera que los precios altos se mantengan durante por lo menos 15 años más. Nosotros, en Freedom from Hunger, al igual que muchas otras agencias de desarrollo internacional, nos preguntamos cómo podemos ayudar.
Pongamos en perspectiva los acontecimientos recientes. Los cálculos de la población mundial que vive en pobreza en un nivel tan profundo que lucha hasta para comer lo suficiente durante todo el año, indican que esta situación ha acechado a aproximadamente 800 millones de personas durante muchos años. Siempre ha sido un problema el poder acceder a los alimentos locales disponibles o a adquirir insumos para sembrar. Y durante todos estos años, Freedom from Hunger ha concentrado su energía y creatividad en el desarrollo de programas eficaces para ayudar a las personas a ayudarse a sí mismas: acumulando más ingresos y más activos y más conocimientos sobre competencias básicas de autosuperación para alcanzar seguridad alimentaria. Durante muchos años, hemos descubierto que los programas más eficaces son los que entregan dinero e información directamente a las mujeres de familias que sufren inseguridad alimentaria. Con este fin, nos hemos especializado en el arte de integrar las microfinanzas con la educación para beneficio de todas las mujeres pobres y sus familias. El reto para Freedom from Hunger y nuestras organizaciones colegas ha sido extender estos programas eficaces a 800 millones de personas.
El reto para Freedom from Hunger y nuestras organizaciones colegas ha sido extender estos programas eficaces a 800 millones de personas.
Los recientes acontecimientos elevan el reto a 900 millones. Sin embargo, el reto sigue siendo fundamentalmente el mismo y requiere fundamentalmente la misma estrategia, una respuesta a largo plazo. Freedom from Hunger necesita mantener sus ojos en la recompensa a largo plazo, sabiendo que otras organizaciones - agencias internacionales, gobiernos y organizaciones no gubernamentales – dedicarán sus esfuerzos necesarios para preconizar la implementación de más investigación agrícola y menos subsidios directos a los agricultores o a esforzarse por brindar asistencia directa e inmediata a aquellos que sufren el impacto del aumento de los costos de los productos alimenticios. Nosotros no somos un grupo de acción política ni una organización de asistencia financiera, pero nuestros módulos educativos (que promueven, por ejemplo, la nutrición de los niños que son los más vulnerables frente a los efectos a largo plazo del hambre) pueden agregar un valor sostenible a los programas de asistencia. En realidad, durante las últimas dos décadas, hemos intentado crear, someter a prueba y diseminar una gran cantidad de herramientas innovadoras que estimulan la educación y el empoderamiento de los pobres y cambian sus vidas; entre ellas destacan nuestros módulos educativos sobre la gestión de los escasos recursos y modestos negocios de las familias pobres que sufren hambre. Ofreceremos estos módulos a todas las personas que se sientan interesadas. Si fuera posible, también ofreceremos capacitación sobre cómo utilizar estos módulos más eficazmente para educar a las familias afectadas. A mediano plazo, los mercados se ajustarán y los precios bajarán para estabilizarse por algún tiempo, aunque a niveles más altos que los de las últimas tres décadas. Los pobres encontrarán entonces formas de ayudarse a sí mismos para responder eficazmente a su incapacidad de comprar o cultivar los alimentos que necesitan. El rol de Freedom from Hunger en la comunidad del desarrollo internacional es ayudarles a hacer exactamente esto.
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